Metamorfosis: fotografía, adolescencia y androginia

por Inés Molina
El ejercicio es una fotografía digital de 100 X 90 cm, a color. Se muestran dos adolescentes retratados de cuerpo entero: un hombre y una mujer. Ambos están vistiendo uniformes escolares, pero éstos han sido intercambiados. La mujer ocupa el uniforme que pertenece al hombre (pantalón) y el hombre viste el uniforme característico de una mujer (falda). Las posiciones que adoptaron para tomar la fotografía, también están invertidas. A cada uno se le tomó una fotografía cuando llegaron con la ropa que usan normalmente. No se les dio ninguna instrucción. Esa misma pose que cada uno ocupó para la primera fotografía, fue la que se les pidió que recrearan pero de manera inversa; la mujer emulando la pose que hizo el hombre y éste emulando la pose que realizó la mujer.
La intención de intercambiar el uniforme radica en evidenciar la construcción existente en la sociedad de lo masculino y de lo femenino a través de categorías culturales. Con esto se evidencia el género como un constructo, un lenguaje, un código, una estructura, y también un modelo. Para poder, en primer lugar, establecer cómo la sociedad actual ha llegado a la idea de género, es necesario establecer una referencia a la teoría Lacaniana sobre identidad/sexualidad. Desde ahí se establece la hipótesis de que lo femenino/masculino obedece a una categoría cultural.
La fotografía contiene a estos dos jóvenes, que por razones propias de la edad, experimentan un momento en que la libertad respecto al modelaje social se hace paradójicamente más crítico. Ellos al ser fotografiados dejan testimonio de esta búsqueda de la identidad, de la diferenciación dentro de la sociedad como seres únicos, distintos.
Pero este testimonio marca también una imposibilidad, de ahí la paradoja. Que no es otra que la imposibilidad de una diferencia, porque socialmente estamos estrictamente normados, los intereses de diferenciación les ocurren a todos en la misma generación por igual, por lo que la diferenciación de una persona se convierte en la sectorización de un grupo. La imposibilidad de salirse de las categorías culturales de género también es evidente. A ambos se les pidió que emularan la pose que realizó el otro, y esas poses concuerdan con el estereotipo de lo femenino/masculino. La pose que remite al hombre, es el orden, la línea vertical, la disciplina, lo que se conjuga rápidamente con el uniforme. La pose que remite a la mujer, denota un estado más abierto, en alguna medida es un estado relajado, más referido a sí mismo, a la auto-exhibición de la propia presencia, más flexible quizás. Este mostrarse también se ve en la ropa, la falda que pone a las mujeres en la situación de mostrar sus piernas.
Toda esta gestualidad-actitud aparece, al estar en el contrario a los gestos innatos, como una representación del otro, marcando con este acto la diferenciación. Reconociendo gestos y actitudes que no son propias, por lo menos en el caso del hombre, en el que es visible un gesto de burla al representarse a sí mismo en una actitud femenina.
Caso contrario pasa en la mujer, ya que en el círculo propiamente masculino, la mujer en los últimos dos siglos ha entrado para poder exigir desde ahí derechos de igualdad. Por lo que no parece ajeno ver a una mujer ocupando pantalones, o en una actitud de orden. La pose que debe emular no le es ajena porque las mujeres son conscientes que han entrado en estos espacios que se conocen comúnmente como masculinos. Recuerda en alguna medida a las mujeres militarizadas que promocionan las propagandas del gobierno.
La separación entre lo masculino y lo femenino, sus intentos de unidad y de anulación de separación de género a través de las simulaciones, se hacen respecto del otro sexo, de tratar de contener en un solo cuerpo la dualidad femenino/masculino, se unifican a través del concepto del andrógino. “En un momento en que la androginia es el ideal impuesto en una sociedad que pretende representarse sin géneros ni clases y, consiguientemente, sin razas, lo andrógino simboliza esta desposesión absoluta, la eliminación de todos los opuestos”. La tesis de Estrella de Diego, es que a través de la estética del andrógino se quiere incorporar al cuerpo a la ley hegemónica que estaría operando en la sociedad actual. La imagen de mundo estaría mutada ante el sistema económico, la globalización y la hibridación cultural, razón por la que todos estaríamos en una sociedad que está desde distintos ángulos perdiendo su identidad, y la andrógina vendría por a dar cuenta de esta anulación.
(*) Inés Molina es licenciada en Artes de la Universidad de Chile. El 2007 fue Becada FONDART con el proyecto “Postítulo de especialización en Arte y nuevas tecnologías”. Actualmente realiza investigaciones en torno a lo andrógino.








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La felicito por su articulo, ya antes me había imaginado todo lo que he leído, pero nunca pensé en llevarlo a palabras, hace como 10 años atrás cuando recién tenía 18 años con unas amigas quisimos hacer una banda y nuestro nombre sería ” Las andróginas”, curioso. Lo otro que pienso que en la búsqueda de una identidad muchos pierden el rumbo y a veces por años, descubrí por mi propia búsqueda que la palabra identidad no me agrada…en fin!, que sus investigaciones den frutos y sean reconocidas por muchos.
Buena propuesta de intervención.
Un alcance: La teoría lacaniana no obedece a patrones culturales “contingentes” (ni siquiera universales) para plantear su lógica binaria de “sexuación”.
El sujeto al entrar en el lenguaje debe asumir un rol sexual, un “género” para entrar al orden Simbólico, al orden que lo define como sujeto. Ese orden Simbólico no es cultural, sino lingüístico. El Lenguaje permite entrar en la cultura, permiter ontologizar una lógica del ser sexuado que trasciende lo meramente cultural.
A todo esto: cagemonos en Lacan, siempre.
Saludos.
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