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Objetos del silencio (fragmento)

4 Julio 2009 Escrito por Eugenia Prado Bassi 1.047 vistas No hay comentarios

Objetos del silencio, secretos de infancia

de Eugenia Prado Bassi

FRAGMENTO



1

El Hermano Menor


Acerca de lo que le sucedió al hermano menor, luego de la primera experiencia sexual con su hermano dos años mayor y de cómo en un texto, escrito a modo de carta, le declara sus inmensos y desbordados deseos. Y de por qué aquellos juegos contenidos en la temprana relación de incesto son definitivos para confirmar la naturaleza más íntima de su amor. Y de cuando el pequeño, lejos de toda humanidad, explora íntimamente en sus deseos, buscando el amor de su hermano mayor para fortalecer el vínculo con su madre. ¿Qué me haces que siento que me muero? a mis nueve, tú tenías once, eras de los hermanos el mayor.


¿qué me haces, que siento que me muero? que me agoto y ya no puedo levantarme y la luz de la mañana me encandila y me pone tan triste, ¿qué me haces, cuando éramos tan niños? ¿por qué me duele ahora la idea que me sitúa como presa única de tus movimientos feroces?, ¿por qué me besas?, me besas tanto, ¿por qué lo haces con tanta insistencia? ¿por qué me tocas?, me chupas tanto, que casi me gusta cuando lo haces y la costumbre a tus hábitos me obliga a soñarte, te sueño en pesadillas con los ojos brillantes, repasando cada movimiento que me vulgariza de tu hostilidad, ahora de crecido entiendo lo que hacías, sé que poco a poco fuiste poniéndome todo esto en la cabeza, aún así te atreves a negarnos, niegas el placer del primer día, de nuestro primer día, y yo sin poder entender cómo podrías no privilegiar entre tus recuerdos el momento exacto de ese día, cuando tú y yo, atrapados frente al espejo, enceguecíamos bajo la fuerza de extrañas imágenes, pero todo cambió de un momento a otro y pude ver cómo te instalabas en mí con inesperada certeza, me revelaste el secreto de la verdadera fuerza, ese primer día, tú y yo nacíamos para la vida, descubriendo sueños que revolotearon en nuestras cabezas, sueños de cuerpos conmovidos, anticipando los deseos que dibujarían el cómo iría dándose todo entre nosotros, pronto nos amamos sin escape, confundidos y desnudos, repletos y cercados, nuestros cuerpos crecieron, mas uno siempre escapaba indistintamente bajo el consentimiento de una suerte de misterio, como si los ángeles del cielo hubiesen advertido nuestro intenso amor en el acecho de las pupilas dilatadas del que escapa, el espacio de la infancia se hizo sofocante cuando apareció definitiva y rotunda la presencia de nuestra madre, nuestro inmenso amor, amparado bajo sus miradas y todos mis recuerdos de cuando no peleábamos, cuando nunca lo hacíamos, al ver a nuestra madre, toda ella, sonreír, fuimos creciendo, descubrí que lo que hacíamos te avergonzaba, y yo, de pudores me ponía triste y tan perdido, tú me habías iniciado y eras tú quien anteponía semejante distancia, ¿te avergüenzo? ¿te avergüenzo de mis sueños? ¿te avergüenzan estos sueños míos? aún cuando por las noches sigo el movimiento de tus labios que chupan sin tregua, cuando exhausto y sin deseos trato de quitarme la dureza y que se calme, que se me calme la dureza de ahí abajo, cuando con enorme furia chupas el músculo atrapado por tus labios, sé que todos mis sueños ahora te avergüenzan, mis labios chupan, mi boca, puedo verte huidizo resbalar adentro de mi boca, y me gritas que siga, que lo haga más rápido, y yo, no pudiendo contener la respiración agitada, voluptuosos ardemos y el deseo nos estalla, intento quedarme quieto, espero con horror la proximidad de otro de tus estallidos, tiemblo, te estremeces, nuestra infancia toda, colmada de placer, nos hará florecer, sólo tú me importas, digo, cuando me atrapas nuevamente, y en silencio me someto no sabiendo adónde avanzar, cuando cerrados los labios niegan el deseo que arde en tu boca, opuestamente me obligo y te chupo entero, cuando tú, no contento con nuestros desórdenes, vuelves sobre mí otra vez, sobre mí, una y otra vez, cuando mi madre no está y yo tengo tanto miedo de la reiterada insistencia con que me mojas, dependo, ambos dependemos de tu astucia, insaciables nuestras sensaciones se inflaman, y tú me dices que qué tiene de malo, que somos iguales, que somos hermanos y que con una vez no pasa nada, nada, juras momentos antes de dejarme repleto, luego, una vez más la distancia que me obligará a ti otra vez, y sabes que hasta me gusta cuando te pones encima mío, y empieza a gustarme cuando casi no tengo otro recuerdo más que tú, abalanzado con los labios sobre mi músculo quieto, mojado, entero mojado, el músculo mío cuando a la vez te mojo, y nos hacemos uno cuando me vuelves a asegurar que no pasa nada, bajo promesa de este pacto siniestro, y yo entonces sin poder parar cuando no me gusta porque aprendo tan rápido tus enseñanzas, entonces mi risa crece cuando tengo tanto miedo de que puedas descontrolarte, y de crecido me mojo del recuerdo de tu mirada sobre mí, hostil, cuando me dices hazlo, chúpame despacio, vamos, insistes, me violentas, sinvergüenza, dices, cuando ya me gusta, entonces sueño y en mis sueños tú y yo nos ponemos ardientes, violentos y repletos nos inundamos, arrastrándonos como animales, jalas fuerte de mi pelo, acércate, me dices, cuando a golpes sometes mi carne húmeda, si no te va a doler, cuando sobre mí jadeas, y entre los gemidos buscas, sólo un poco más, te refriegas, y se me endurece tanto que hasta puedo sentir tu furia como un dolor enorme que crece con tu insistencia, entonces me chupas y hasta me muerdes cuando me crecen los estallidos, y mi boca no se detiene cuando te excedes, dos niños, no éramos más que dos niños jugando, dos niños, que aún hoy, juegan, acércate, me susurras, sé que puedes hacerlo mejor, ¿quieres que lo intente?, digo, ¿así es cómo te gusta? y me ves decidido cuando tus gestos se desencajan, comediaremos la farsa de nuestra disputa, no fue posible la insistencia, ahora, eres el recuerdo de mis sueños y el deseo embrutecido que me duerme por las noches y entre sueños sin tregua, chupo y no paro de chupar contra tu enervada violencia, más fuerte me gritas, me aprietas, sofocas mi cabeza, tanto que hasta los pensamientos me impides, y casi no puedo respirar cuando inhabilitas mis iniciativas, me siento perdido, sé que no conseguiré volver en mí hasta que estalles y me veas caer de rodillas, sordo por tus quejidos, ¡ves cómo eres mariquita!, dirás histérico, ¡mariquita! gritarán tus gestos de burla para reforzar escandalosamente el cómo me gusta, ves cómo te gusta, ¡maricón!, y te desquitarás de todo, porque sólo yo sé como te gusta, ¡crees que me importa!, diré enceguecido, cuando huyes y niegas y te burlas en provecho del deseo tuyo, porque eres el mayor y tu poder es evidente, ¿no te gusto? diré para aliviarme, ¿acaso no te gusta conmigo?, ¡no es que no te atreves! ahora no te atreves y quieres a tu mariquita lejos, entonces grito aun cuando no puedas oírme y me aprieto contra la almohada, abrumado por tus exigencias y lloro, por las noches lloro mucho después de haber sido el perfume de tus labios salivados, lloro cuando no soporto el ardor de tanto haberte permitido esos lamidos de animal meneándomela, cuando la mamá no está, y aún puedo oír tus pequeños galopes de pies descalzos y a hurtadillas cuando te escondes, me obligas al silencio, nos escondemos, habitamos una infancia de secretos, y mi madre no hace nada más que desaparecer, casi a propósito, entonces una vez más el apuro y la urgencia con que aprovechamos el tiempo de todas sus salidas y nadie parece enterarse cuando los padres salen de la casa, nadie, cuando por los pasillos me correteas y me alcanzas, y hasta te metes en mi cama, y me tocas entero, cuando por las noches aprendo a reconocer el músculo que crece y casi no cabe adentro de mi boca toda la fuerza de tu insistencia ¡cómo ardes! me gritas, me refriegas y me chupas, una y otra vez y lo hacemos todo el tiempo, y decidido me bajas los pantalones, y me sacas toda la ropa, y yo tiemblo frente a una de tus nuevas ocurrencias, duele, cómo duelen tus ojos brillantes, cuando puedo presentir tus intenciones, y me hablas de lo mucho que deseas, y tientas tus caricias suavemente y de agitación creces y te pones violento, actúas por instinto, ¡te amaré de todas formas! dices, te atreves incluso a prometerlo, luego el horror, el dolor intenso de tu puñalada sangrándome por dentro ¡no! grito, ¡no! vuelvo a gritar y lloro y me revuelco, cuando siento tu cuerpo encajado entero desgarrando mis tejidos ¡no! vuelvo a gritar, y casi desmayo y sólo entonces abandonas y te alejas y hasta lloras, me sabes lastimado y dices que todo estará bien y me besas y me tocas, hasta que tus labios milagrosamente calman, crecemos, el ardor cede, aprendo a disfrutarlo, ¡dime si no es exquisito! gimes, ¡exquisito! repites años después, con la vulgaridad de tu sonrisa, cuando todo yo, repleto, avanzo como puedo y me arrastro cuando tú no te detienes, nunca te detienes, entonces grito que sí, que me gusta, que me gusta mucho cuando pienso que una de estas noches me harás desaparecer, cómo odio el deseo tuyo desde siempre, cómo odio la necesidad de este secreto que te apega más a mí y como un condenado te aferras, me suplicas y sé que no mientes, y sólo entonces puedo disfrutarte destruido por los gestos de mi boca exhausta de tanto aplacar tu necesidad, el sueño nos vence, me duermo, te duermes poco antes y otra vez la necesidad te agarra y otra vez furioso y medio desnudo resbalas y sobre mí jadeas jalando de mi pelo y te enciendes y te frotas, con la precariedad de mi silencio, sé que no podré escapar, porque tu imaginación fluye, porque eres el mayor, y también el de los inventos, pero ya no tengo miedo.


Sobre la autora:

Eugenia Prado Bassi (Santiago de Chile, 1962). Se titula como diseñadora gráfica en 1987 en la Universidad Católica de Chile. El mismo año publica El cofre (Ediciones Caja Negra). En noviembre de 1996 Cierta femenina oscuridad y en 1998 Lóbulo (Editorial Cuarto Propio). A fines del año 2003 estrena Hembros: Novela Instalación, puesta en escena de artes integradas. En el año 2004 obtiene la Beca Escritores del Gobierno de Chile para la creación de la novela Objetos del silencio. En enero de 2006 se estrena Desórdenes Mentales, obra de teatro dirigida por Alejandro Trejo. A fines del 2007 publica Objetos del silencio, secretos de infancia, también en Editorial Cuarto Propio.


portada

Comentario al libro “Objetos del Silencio, secretos de infancia” de Eugenia Prado Bassi

Publicación: Editorial Cuarto Propio, Octubre 2007

Género: Novela

“La escritura de Eugenia Prado habla desde la imposibilidad de la palabra. La palabra cercada, todos estos secretos de infancia son una historia apenas revelada por la confesión, la letra, el epistolario familiar, por el desborde de la escritura. En contraposición a ese no decir, aparece esta revelación que nombra estos “pequeños cuerpos habitados por una lengua”, que se atreve a nombrar desde la multiplicidad de voces y sujetos que entrecruzan e intervienen el discurso de lo silenciado. Aquí aparece la denuncia y el arrojo de trazar esas declaraciones sobre los márgenes de la palabra y por sobre la clausura de estas bocas, rescatadas por la autora desde su propio registro y que operan como marca, como una cicatriz permanente del recuerdo, articulando un testimonio desde el amor y desde el miedo. Los “aterradores objetos” de esta novela están inscritos desde el reclamo del cuerpo amordazado por la histeria del deseo. “¿Qué haces que siento que me muero?” de ese amor (terrible) que debe habituarse al encierro. Los primeros deseos que crecen en ausencia de las madres, en ausencia de la autoridad que castiga. En este libro, todos son víctimas y cómplices, todos están instalados como resistencia contra el horror de volver a enmudecer. La novelística arriesgada de Eugenia Prado desafía todas las formas de género al plasmarse en fragmentos de poesía, documentos, bibliografía, discursos; exigiéndonos una lectura desde esa deconstrucción, para poder dimensionar la significancia radical y la inscripción estética de esta propuesta.”

Diego Ramírez, poeta.

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