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Gabriela Mistral: lesbiana a toda prueba

7 Septiembre 2009 Escrito por Felipe Rivas San Martín 1.039 vistas 5 comentarios

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Por Felipe Rivas San Martín

Hace un par de días viajaba en bus en el trayecto Santiago-Valparaíso camino a la conmemoración del incendio de Discotheque Divine, mientras leía entusiasmado Niña Errante y comentaba con Jorge Díaz -amigo poeta y activista queer-, sobre el lanzamiento del libro en el Centro Cultural del Palacio La Moneda y el enyegüecimiento de Pancho Casas yéndose a gritos de la sala en protesta por la falta de mención al lesbianismo de Mistral por parte de los presentadores del texto. “Bonito -pensé-, como de otra época”. En verdad una performance muy distinta de la que -según me contaba Jorge- hizo luego Pablo Simonetti, que pidió la palabra sólo para afirmar su “orgullo” de que la mejor escritora de Chile sea lesbiana. Según el sitio Opus Gay, “el tono conciliador” de Simonetti habría logrado sacar varios aplausos “cómplices” del público.

Pero aunque diferentes en su forma, las intervenciones de Casas y Simonetti tenían algo en común: la necesidad de decir una palabra que inundaba como un murmullo la sala. Esa palabra, aunque ausente tanto en las presentaciones del lanzamiento (Falabella, Quezada, Zegers), como en el mismo epistolario o en el texto del prólogo a su edición, lograba aparentemente resumir el significado más trascendental de las cartas de Mistral a Doris Dana. Esa palabra es: lesbiana.

Lo tituló el The Clinic, lo dijo Patricia Verdugo poco tiempo antes de morir, lo afirman las organizaciones LGBT y de lesbianas, y otros personajes de la cultura local. Para algunos es un acto trasgresor (como para Casas), para otros es más bien reivindicativo (Simonetti). Sea cual sea el caso, decir hoy que Gabriela Mistral era lesbiana se ha transformado en un acto político de liberación propio del mundo progresista nacional.

Por su parte, quienes hasta ahora han hegemonizado el legado cultural de Mistral, se enfrentan ante estas cartas tratando de matizar sus posibles significados, argumentando tan sólo un “amor materno” entre Doris y Gabriela, reprochando la limitación de las lecturas de la obra de Mistral a su aspecto sexual, como un empobrecimiento interpretativo frente a su legado tan universal, o incluso -como en el caso de Luis Vargas Saavedra en Artes y Letras-, llegando a explicar la relación lésbica como el efecto de una experiencia de violación traumática de Gabriela siendo joven.

Es cierto que todo el debate y las declaraciones que la publicación de Niña Errante suscita, han puesto en marcha una serie de dispositivos de homofobia cultural, de censura, closet y de hegemonía en la construcción de los cánones literarios chilenos. Pero al mismo tiempo, quienes han celebrado el lesbianismo público de la escritora, han recurrido a un cuestionable aparato discursivo que corre el riesgo de reforzar en forma compleja, ciertos esquemas que son propios de la construcción heteronormativa del sistema sexo-género.

El tratamiento que dio al tema la periodista Patricia Verdugo cuando se hicieron públicas algunas grabaciones de audio de conversaciones entre Doris y Gabriela, es paradigmático. Meses antes de fallecer producto de un cáncer, afirmaba a propósito de estos materiales que “hoy, gracias a la ‘desclasificación’ de archivos, podemos finalmente tener las pruebas y dar pasos claves hacia la verdad“. La frase, que podría haber sido tomada de un párrafo de su libro “Las Pruebas a la Vista”, sobre la participación de Pinochet en el caso Caravana de la Muerte, se refería en cambio a la verdad sobre la sexualidad de Mistral, que las grabaciones vendrían a demostrar. Ya Foucault nos había advertido acerca de estos peligros. Las categorías sexuales (homosexual, heterosexual, lesbiana) son categorías construidas en la modernidad que sirven a los objetivos de control de los sujetos por parte del poder. Ese proceso se conformaría a través del espejismo de una verdad sexual que se encontraría en el interior de nosotros, verdad que debe ser descubierta a través de mecanismos de confesión y auto-afirmación. No cabe ninguna duda, ya descubrimos su secreto, las pruebas están a la vista, por fin sabemos la verdad, ya no lo podrán negar, nuestras sospechas eran ciertas. Pura policía del sexo.

Gabriela Mistral tenía una relación de amor con Doris Dana. Las frases contenidas en las cartas o en registros de audio son elocuentes en demostraciones de amor y pasión. Para algunos, como la actriz Claudia Celedón que interpreta a Mistral en el proyecto de film de Yura Labarca, la existencia de estos registros y grabaciones de conversaciones privadas o cartas entre Doris y Gabriela, son la prueba de que Mistral “quería que todo Chile supiera que ella era lesbiana”. Pero curiosamente y al mismo tiempo, la misma Mistral denunciaba y reclamaba contra “ese tonto lesbianismo que me han colgado en Chile”. ¿Qué se puede responder? Hoy, cuando sabemos que las categorías de identidad sexual nunca logran dar cuenta de las complejas formas de vida y las prácticas sexuales y afectivas de los sujetos, podemos entender esa aparente contradicción, e inclusive, llegar a apoyarla críticamente.

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Teniendo en cuenta la estrategia de visibilización política de Gabriela Mistral como lesbiana, llevada acabo por el activismo LGBT -y sobretodo lésbico feminista-, Andrea Fránulic ha escrito recientemente un texto provocador que problematiza la figura de Mistral como un referente válido de reivindicación política. El texto de Franulic, viene a contrarrestar la intención de apropiación de la figura de Mistral por parte del movimiento lésbico y feminista, al revelar textos de la poeta escritos en la década del 20 en Francia, en los que se explaya contra el feminismo sufragista y reafirma ciertos estereotipos de género bastante conservadores, por no decir reaccionarios. “Gabriela Mistral es misógina y patriarcal” nos dice finalmente Fránulic. Una figura bastante difícil de digerir como para hacer de ella un icono reivindicativo del movimiento feminista, lésbico o gay.

Y tal vez ese sea uno de los puntos importantes en todo esto para encontrar una salida a las críticas que se pueden hacer: ¿De qué sirve afirmar que Gabriela Mistral sea lesbiana o que su sexualidad no se ajusta a las expectativas heterosexuales? ¿Afirmar que es lesbiana es siempre un acto reivindicativo o puede tener otros objetivos críticos? Ilustremos con dos casos: El libro “A Queer Mother of the Nation” de Licia Fiol Matta por un lado y por otro la marcha del Encuentro Lésbico Feminista en Santiago (ELFLAC) que partió del Mural de Gabriela Mistral en el Cerro Santa Lucía.

En el primer caso se trata de un libro que ha tenido dificultades para ser traducido y publicado en Chile. El texto es parte de los esfuerzos por resistir las lecturas canónicas (hegemónicas) que intentan invisibilizar la sexualidad disidente de las interpretaciones culturales. La sexualidad heterosexual de los escritores es ensalzada por los críticos literarios, como algo muy relevante para la comprensión cabal de su obra (ejemplo de ello son los ríos de tinta sobre los amores de Neruda). Pero cuando se trata de los amores lésbicos de Mistral o los mismos cruces de género en su escritura y su figura, se argumenta que “ese tema no es relevante en su obra”, “que no hay que hablar de su vida íntima” o incluso “que ella no puede defenderse”. Si ese tipo de proyectos sirve como promotor de un debate sobre el clóset, la sexualidad y la literatura, ese acto tiene un valor político en sí mismo.

En el caso de la Marcha lésbica del ELFLAC, si el objetivo es denunciar la estrategia retórica de heterosexualización de los “Grandes Chilenos” en la constitución de un mito nacional que excluye las sexualidades disidentes, entonces también hay que valorarlo como tal. Más aún hoy, cuando se acerca el Bicentenario y se fortalecen esos discursos heteronormativos de la República.

Por el contrario, si de lo que se trata es de decir: “no ven que las lesbianas somos tan buenas y capaces como los heterosexuales, si hasta tenemos una premio nobel”, entonces eso sí que será una política pobre, heterosexista e integracionista. Lo mismo levantar íconos basados sólo en sus gustos sexuales. Las pruebas pueden estar a la vista. Ahora habrá que preguntarse: ¿Qué es lo que vemos y para qué?

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5 comentarios »

  • Ivonne Divine said:

    Felipe, respondiendo a la pregunta que planteaste, yo espero que la eclosión del deseo lésbico de Gabriela sirva para que se cumplan ciertos objetivos críticos, sobre todo los referidos a la relectura de su obra. Por lo menos es lo que me interesa, pienso que desde aquí pueden surgir nuevos e insospechados sentidos de su obra poética.

  • Nicolasa Sodomita said:

    Estudio Historia, y desde mi experiencia puede decir que es imposible e injusto descontextualizar a una sujeto de sus propios límites y posibilidades históricas. Gabriela no nació en la época de la revuelta de stonewall, tampoco en la de la proliferación de organizaciones glbt en Chile como nosotros, vivió parte importante de su vida a comienzos del siglo XX cuando aún la mujer ni siquiera tenía derecho a voto, por lo tanto no se le puede pedir a un sujeto algo que no estaba dentro de sus horizontes de lo real (a caso esperan que Gabriela hiciera sola la revolución sexual cuando la intimidad y la sexualidad aun no eran concebidas en su proyección política), sin embargo eso no invalida el reconocimiento de ciertas “genealogías” y herencias que tienen un vínculo directo con nuestra contemporaneidad, aquella que ha hecho de la sexualidad un acto político, efectivamente, Gabriela y otrxs representan nuestros “ancestros”, fueron abriendo pasos a determinados cuestionamientos: Gabriela hizo carne a Foucault, a Butler y a Preciado antes que existieran, se travestía en sus cartas, era hombre y mujer al mismo tiempo, y no sólo ella sino travestis de mala reputación, putas, sodomitas y otrxs degeneradoxs de la época, actitudes que sumadas unas con otras y potenciadas por otros aportes y transformaciones socioculturales hacen posible nuestra propia experiencia y crítica social actual. Por otra parte el mismo hecho que Gabriela se atreviera a dejar vestigios de sus deseos (prueba de ello son sus cartas) revela la posibilidad, remota o no y difícil de comprobar como casi todo en la Historia, de que el poeta pudiera haber deseado o a lo mejor pensado que sus propias palabras serian algún día “sacadas del closet”, para que sus documentos se vuelven monumentos, monumentos que hoy en día nos permiten reivindicar una figura dominada por los sectores conservadores, y así desmitificar héroes y códigos estrictos y hegemónicos que invisibilizan la historia del deseo, los afectos y la sexualidad en general.

  • Roberto said:

    El análisis político de la heteronormatividad y de sus estrategias de recuperación ideologica de ciertas figuras emblemáticas de la historia nacional tiene un desafio interesante en lo que sucede con Gabiela Mistral, y la pregunta final de Felipe es sugerente en ese sentido. ¿Qué vemos y para qué? Tal como plantea Nicolasa, evaluar políticamente una figura histórica fuera de su contexto resulta tan torpe como suponer que las preferencias sexuales de las personas, y por lo tanto de cualquier figura histórica, asegura una postura política disidente. Los discursos post identitarios han demostrado con cierta consistencia que la acción es mucho más relevante que la identidad de quien la desarrolla. Aun cuando algunos todavia aspiren a luchas basadas en la identidad, suponer que la disidencia sexual es una tarea propia de gays y lesbianas, que la lucha contra la violencia de genero es una tarea de las mujeres o que la lucha de los pueblos originarios solamente les compete a ellos, suele reducir las posibilidades de dinamizar esas luchas y radicalizarlas. En ese sentido, me parece que el análisis de la construcción social de la figura de Gabriela Mistral debiera considerar los diversos usos de dicha figura y evaluar los efectos de esos usos. Probablemente la discusión de la relación entre la obra de Gabriela Mistral y sus “preferencias sexuales” debiera permitir cuestionar la falsa heteronormatividad de la historia nacional, tal como lo plantea Felipe. Y esto efectivamente permite otros usos de las representaciones simbólicas de figuras como Gabriela Mistral, como la citada marcha desde el mural ubicado en el Cerro Santa Lucía. Sin embargo, transformarla en un icono de las luchas contra la heteronormatividad puede pecar de tanto entusiasmo como convertirla en misogena y patriarcal. Gabriela Mistral fue lesbiana, y es fundamental saberlo, difundirlo y valorarlo, pero claramente no fue una activista de la disidencia o la diversidad sexual. En este sentido, la revisión de nuestra historia también debe desclasificar a quienes si asumieron posturas radicales explicitamente orientadas a combatir las diversas formas de heteronormatividad. Creo que ahi hay una tarea de memoria pendiente, de búsqueda, análisis y difusión de prácticas disidentes. Victor Hugo Robles relata en su libro la experiencia de la primera manifestación homosexual durante la Unidad Popular, cuando no ser heterosexual era considerados una práctica no solamente censurable sino que incluso antirevolucionaria. ¿Cuantas otras experiencias de este tipo requieren de un mayor trabajo de documentación y difusión? ¿Cuanta memoria de la disidencia pasada puede ser recuperada e utilizada para la disidencia del presente? Muchos movimientos sociales han hecho esta tarea de revisión de sus propias memorias, revisando su pasado para reflexionar sobre su presente. La Gabriela Mistral lesbiana es parte de una historia a recuperar, pero solamente una parte. No por eso hay que dejarle su figura a los literatos y patrioteros, pero parece resultar necesario instalar nuestros propios heroes, a los que tiene sentido recuperar por lo que hicieron mas que por quienes eran, por sus posturas y acciones, más que por sus gustos y preferencias. Todavia no sé si me gusto la pelicula Milk, pero sin duda que allí hay una esfuerzo de recuperar la historia de las luchas gays, esfuerzo que probablemente valga la pena intentar seguir.

  • Victor said:

    Si, ya se veia, las facciones eran de varon

  • » 8 de marzo: por un feminismo sin mujeres ¶ Violencia de la intimidad said:

    [...] al decirlo, cuando me encontré con cristeva, un bio-hombre retirado. nos reunimos con la cuds para planificar qué se haría después de haber tenido que abortar, por culpa del terremoto, la [...]

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