Me calienta mi hermano. Osadía de un culito incestuoso / La nueva columna de Vieja Barroca
Son las 5 A.M. Lo veo sentado frente a mí. El humo colillero recorre su entrepierna hermandad hasta extinguirse en su bulto donde recorren los fluidos venosos que comparten nuestra sangre hermana. Ese cuerpo parentesco que se posa peligroso en el sillón carreteado, manteniendo la distancia correcta, dictando la ley que separa jurídica nuestros sexos erectos.
Habiendo conversado de todo, rememorando el pasado, los paseos familiares a la playa, las anécdotas inolvidables que se brindan con su “touch” melancólico, las historias de amor que se mantienen aferradas a nuestras sonrisas, agónicas, de sus proyectos pequeño-burgueses de buen referente “middle-class”. De las peleas de siempre,del porqué soy tan maraco, del porqué soy tan comunista si el papá te dio de todo, del si no te falta nada para tanto resentimiento, del porqué tanto masoquismo por el populacho arribista que al final vota por la derecha. De la mamá que está enferma y tú que no la vas a ver, siempre tan ocupado en tus mariconadas, en esos escritos morbosos donde no te llega ni chaucha. “¿Con qué comes querida?”, “Con el culo pos “brother”. Estaré flaca pero satisfecha”, me contengo a decir, lujuriosa.
Esa “conversa-hermandad” que se disgrega entre los fluídos del etanol que recorre tormentoso nuestras biografías. La misma historia que se traduce inconscientemente en una rivalidad insalvable, en ese juego psicológico de espejos que refleja mortífero la dinámica de la semejanza y la diferencia desarrollándose dialéctica en las metáforas de nuestra jerga-parentesco. 
Pero llega el momento, el instante donde ese choque de copas irrumpe conciliador que da paso a la sonrisa tinta y a las miradas cómplices que aceptan mi existencia errante, mi tono de loca, mi escritura abyecta y mi futuro improbable.
Y nos quedamos suspendidos en el espacio del living-room. Donde los puchos apagados y las botellas vacías nos invitan insidiosas a la cama. Y lo miro fijamente. Sostengo su imagen en mi cabeza borracha. Mantengo intacta esa figura, esa pose que recorría mi pulso masturbatorio allá por la adolescencia, en la corrida pendeja que expulsaba eyaculatorio la descendencia incestuosa resbalando rebelde por mi mano proscrita. Ese culo teenager salvaje que pedía fantasioso la vena erecta que con su palpitar ardiente traspasara los lazos de sangre del parentesco que proscribía mi inhumano deseo.
Así fantaseando en mis recuerdos ebrios de erecta juventud comienzo a recorrerlo exploratorio. Aprovecho su sueño etílico para posar mi mano mariposa en su paquete hermano. Despliego morbosa su cierre que mantiene cautivo su sexo de cuero fraternal. El contacto con su falo erecto me recorre ilegal en el segundo que se reescribe la historia carnal del significante que articula y armoniza nuestro nombre compartido.
Mi beso colibrí se posa en su abdomen selvático cayendo embriagado por el movimiento telúrico de su meneo copular que anticipa la cacha dantesca post 45º. Mi lengua-víbora se desliza venenosa desde su pectoral hacia su paquete. Esa presa que comienza a ser engullida por mi boca troglodita que succiona golosa la erección hermana.
Y la calentura comienza a apoderarse de mis partes traseras que piden pecar indecorosamente, deseando morbosas consumar el crimen cultural que me condene perpetua.
Aceptando mi futura condena me monto presidiario en su mástil carnal que se introduce salvaje en mi ano ilegal. Su glande me recorre obsceno con su ritmo copular que transforma en carne mi fantaseo a través de la penetración abyecta.
El meneo acelera su cadencia lúbrica anticipando el clímax eyaculatorio. Nuestros cuerpos danzan frenéticos. Su gesto facial me señala el límite de su resistencia. Recibo su semen extasiada, que comienza a fluir por mi cavidad cachonda. Ese líquido caliente que multiplica los lazos de nuestro vínculo sanguíneo.
Así me desmonto de su músculo perforador. El crimen está consumado. La pena será eterna.
El estigma nos maldecirá sádicamente ya que somos lo más indecente, lo más monstruoso, lo más asqueroso, lo acultural, lo atroz, lo innombrable. Somos hermanos.














Más de lo mismo!! Una lata!!
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