Inicio » Editorial

Mirando tras la cordillera y volviendo los ojos a Chile

17 Enero 2010 Escrito por Francisca Barrientos 270 vistas Un comentario

argentina-flag1
Desde noviembre hasta ahora he tenido la oportunidad de darme una pequeña vuelta por algunas ciudades de Argentina para conocer -brevemente- como se hacía activismo allá; cuáles eran las temáticas; que se leía; cuáles eran los referentes teóricos locales y extranjeros; cómo se articulaban los discursos; cómo se relacionaba el feminismo, lo queer, la diversidad y la institucionalidad política local; quiénes eran los que llevaban adelante los movimientos; cuáles eran las banderas de lucha y los asuntos urgentes… en definitiva, lo que buscaba allá -al otro lado de la cordillera- era tratar de entender algunas cosas que suceden aquí, preguntándome acerca del centralismo del quehacer político en Chile y de las dificultades que surgen a partir de ir poniendo en entredicho a la heteronorma que obliga a los cuerpos.

Con esta intención partí desde Santiago rumbo al Sur y logré pasar por cuatro ciudades argentinas, cada una de las cuales, con sus propias características, me permitió ver la forma en que allá se están tratando -desde distintos espacios- los temas relativos a las disidencia y la diversidad sexual, así como también los asuntos ligados al feminismo, a las mujeres y a la construcción de las identidades y los sujetos.

Para mí, uno de los grandes aciertos del viaje fue no pasar por Buenos Aires, sino centrar la mirada en los movimientos que se generan fuera  de la gran ciudad; pensar en el Bolsón, en Nequén, en Bahía Blanca y en La Plata, y tratar de mirar desde cada una de estas localidades con sus propias características demográficas, económicas, migratorias, etc.

Sabemos que el centralismo es un problema grave y de larga data aquí en Chile, por lo tanto, resulta fascinante ver como en otros lugares es posible establecer redes más allá del centro, y como surgen movimientos políticos que dejan en evidencia la urgencia de ampliar los lugares desde dende se habla, se mira y se participa.

Mirar al otro lado de la cordillera significó necesariamente re-pensar los movimientos que se desarrollan aquí en nuestros espacios y ciudades, así como también reparar en la existencia de desafíos urgentes en torno a las temáticas que tradicionalmente se adoptan en los entornos feministas, lesbianos, trans, gays, etc.

Devenir y construcción política de la sexualidad


Mi gran preocupación ahora es la construcción de identidades fijas y la forma en que desde ciertos grupos se genera la defensa de esas identidades a ultranza. Es decir, me fascina -por lo conflictivo de la fórmula- la existencia de quienes defienden y cuidan aquello que supuestamente es esencial e inherente a cada sujeto, puesto que se observa que lo que ocurre desde ahí es  la invisibilidad de otras formas de ser, de otras maneras de mirar y de ocupar los espacios identificaros. Sin embargo, como en todo, aquí lo que ocurre es un fenómeno que se dibuja en dos direcciones contrapuestas, debido a que por un lado aparece esta especie de defensa esencialista unilateral y, por otro, surgen y se van generando una serie de significativas fisuras que hacen mella en las representaciones simbólicas que dan sustento a las identidades tradicionales, ya sean estas permitidas o perversas.

Todo esto aparece en el viaje y se ve también en Chile, se observa desde los lugares en los que nos posicionamos para hablar, vivir y llevar a cabo el activismo: se deja sentir en la forma en que nos relacionamos cotidianamente con el  entorno que nos rodea y con aquello que somos o decimos y deseamos ser.

También me ha llamado la atención poderosamente observar como a ciertos sectores les aterra la deconstrucción identitaria, como hay quienes se posicionan en un solo y único lugar… sin devenir, sin mirar hacia los lados, sin poner en duda aquello que alguien alguna vez dijo que eran.

¿Por qué no atreverse a quebrar las barreras del sistema sexo genérico?

¿Por qué las lesbianas son siempre mujeres? (1)

¿Por qué cada mañana debemos levantarnos siendo lo mismo que el día anterior?

¿Qué pasa si yo vengo aquí y digo que hoy me siento trans?

Es necesario poner en duda esas zonas que se defienden fijas y naturales: es fundamental quebrar con las miradas esencialistas y dejar de definirnos en función de aquellas tecno-estructuras binarias que nos hablan desde afuera, intentando definirnos en función de un modelo único e inquebrantable al que -finalmente- son muy pocos los que de verdad se pueden acoplar.

Sin deconstrucción de las identidades, sin crítica a la forma en que se construyen los sujetos no hay subversión: nada se transforma, porque la norma se queda intacta y nos vuelve a pasar otra vez por el cuerpo.

marcha_orgullo_gay_dyn_cha_1

De todos los lados de la cordillera

Me resulta terrible constatar en terreno la existencia de lesbianas que de plano y sin tapujos pueden decir: “me cargan las trans, porque ellas no son mujeres de verdad, porque ellas quieren ser mujeres solo para los hombres.” O quizás oír “yo no sé por qué las lesbianas tienen que ser chongos (aquí se diría yo no se por que las lesbianas tienen ser camionas). A mi me gustan las mujeres, no los hombres, por eso me cargan los chongos… ellas en verdad quieren ser hombres…”

Aquí pasa lo mismo, yo lo sé… estas frases se pueden repetir al infinito sobre el mapa latinoamericano, sobre Chile, sobre Argentina, sobre las ciudades, los pueblos…etc. Pero parece que ver las cosas desde otro lado, desde el rol del espectador y no del que participa del mismo entorno que el hablante, logra dar más potencia a estas palabras. Logra posicionarlas en un espacio que las hace flotar y adherirse a nuestra memoria, para cobrar vigencia luego, de regreso en eso que a ratos llamamos nuestra tierra.

Mirar desde lejos logra demostrar todo lo que falta por hacer, todas las palabras que tienen que llegar y todas las lecturas que pueden guiarnos en el camino de decir no al estructuralismo y a “lo natural”. Mirar desde lejos nos hace reforzar las sospechas y abrir nuevas líneas de fuga frente a aquello que se nos va presentando en lo cotidiano.

Una vez escuché aquí en Santiago a una lesbiana que decía algo así como: “…claro que existe una homosexualidad normal, la preciado_zero1de las lesbianas y los gays, pero existen también otras formas que son raras, que no se entienden en concordancia con lo natural… que quiebran la relación entre el cuerpo y el género, como la transexualidad, por ejemplo. Eso ya es raro. No esta bien, ahí hay un problema psicólogico que se tiene que tratar.”

¿Y que será eso que separa a esa supuesta homosexualidad normal de esas otras formas abyectas que tanto miedo parecen producir? ¿Acaso la homosexualidad no fue también construida como lo abyecto: como enfermedad y desorden que debía ser atajado a tiempo y reformado? ¿Qué es lo femenino y lo masculino? ¿Cómo podemos entender estas estructuras más allá de una construcción tecnológica binaria que busca naturalizar diferencias que finalmente no son tales? ¿Por qué tenemos que ser siempre hombres y mujeres en concordancia con lo que se ha llamado biológico?

Sin que fueran dichas las mismas palabras encontré realidades parecidas en mi viaje. Vi la transfobia; escuché diálogos que hablaban acerca de la construcción de un otro abyecto y prohibido; accedí a la negación de la diferencia; sentí los intentos desesperados de ciertos sectores por hacerse parte de la norma e integrarse, y por ser reconocidas o reconocidos como agentes de derecho de ese mismo sistema que las designa como el otro. Pero en este mismo camino -y curiosamente en estos  mismos espacios- me encontré también con el otro lado de la moneda. Vi a personas levantando proyectos súper atractivos, a lesbianas en las radios hablando a la comunidad y lesbianas pintando murales en el centro mismo de una de las instituciones que representan el poder; vi mujeres y lesbianas en las plazas; vi a un montón lesbianas profesoras (cosa que me llamó mucho la atención porque en Chile eso aún parece muy difícil); encontré con quien hablar de posporno, de identidades disidentes, de Preciado, de dildos, de Butler y también pude observar gente trabajando desde el cine, desde los libros, desde la comunicación, desde las escuelas… desde tantos lugares; de tantas maneras…. vi una marcha por la diversidad sexual sin ninguna máscara que se hizo en una localidad de 30 mil habitantes (2).

Muchas veces en el camino y estando en la ruta de acorde de Gayle Rubin y de ese texto suyo que muestra con dibujitos de la forma en que las lesbianas y los gays se integran en el sistema normativo(3) : ese que habla sobre como ciertos sujetos son aceptados y otros no, de como se van reproduciendo los espacios de exclusión a través de la visibilización y la normalización de ciertas conductas.

¿Por qué a algunos los asustará tanto poner en discusión nuevas preguntas?

¿Por qué habrá tanto miedo a enfrentarse a ciertas lecturas?

¿Qué asusta más de la Rubin, que critique la norma y el género como asuntos naturales o que haya sido alguna vez parte de las comunidades S/M de San Francisco?

¿Por qué no se habla de lo S/M?

¿Qué da más miedo de Preciado, que quiebre la norma o que venga a mostrarnos sus dildos? ¿Asusta más que ella hable de la testosterona como gran bastión biopolítico o que este dispuesta a consumirla en gel?

…Por última vez, aquí también pasa lo mismo

Quizás eso fue lo más potente del viaje. Lo más impactante fue notar que aquí pasa lo mismo, que las construcciones identificaras son iguales o muy similares a las que aun funcionan en Chile, pese a las diferencias culturales que existen supuestamente entre Argentina y nuestro país.

He quedado a la vez maravillada, asustada, cargada de preguntas, llena de nuevos afectos, comprometida con muchas causas, contenta de tantos encuentros…

La cordillera nunca separó nada, nos une, nos atrae, nos hace parte y nos invita a decir basta junto a quienes viven del otro lado.

1493521287_bffe5deabc_b


(1) Lo digo con fuerza para recordar a Monique Wittig

(2) Para hacernos una idea de lo que significan 30 habitantes en relación a Chile, he seleccionado algunos lugares que presentan esa población. Los datos han sido obtenidos a partir de la información entregada por el censo de 2002, que es el último que se realizo en el país.

- Con Cón 31.558 habitantes (Región de Valparaiso)

- Limache 34.948 habitantes (Región de Valparaiso)

- Rengo 30.891 habitantes (Región del Libertador B. O’Higgins)

- Curanilahue 30.126 habitantes (Región del Bio Bio)

- Castro 29.148 habitantes (Provincia de Chiloe)

(3) Gayle Rubin, Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad

Comparte este artículo:
  • Twitter
  • Tumblr
  • Google Bookmarks
  • Meneame
  • MySpace
  • Live
  • MSN Reporter
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
Como el hoyoPencaAhí no másLa rajaOrgásmico (Aún no han votado)
Loading ... Loading ...

Un comentario »

  • Eloísa said:

    Una vez más: mil aplausos para Panchiba =)
    Se agradece la escritura directa, desde la subjetividad y sin pretensiones, sin dejar por eso de complejizar las problemáticas.
    Opino que lo que le molesta a la gente de lo “post” es justamente lo que a nosotrxs nos atrajo: la filosofía de NUNCA dejar de cuestionarse, y comprender que ningún movimiento político que crea tener la razón, NINGUNO, será exitoso si sigue operando con lógicas excluyentes (iluminados/tontos, por ej) que violentan todo lo que es. Así, nos servimos de las palabras, pero no para tomarlas demasiado en serio.
    Cariños a cudses y colaboradorxs.
    Elo.

Comenta

Comenta mediante trackback desde tu sitio. También puedes suscribirte a los comentarios de esta entrada vía RSS.

Sin spam por favor

Puedes usar estas etiquetas HTML para comentar:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>