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Texto colectivo sobre la acción CUDS “Dejarse Pisar”

10 Octubre 2011 Escrito por Equipo Disidencia Sexual 564 vistas Un comentario

Como si fuera un objeto múltiple y para abrir lecturas, algunxs de quienes participaron en la acción “Dejarse Pisar” organizada por la CUDS en la “Marcha por la Diversidad” del 1 de octubre escribieron un párrafo. La enfermedad, Lady Gaga, el postporno y el cine feminista se intersectan en este texto colectivo que permite conocer algunos pliegues de esta intervención pública de la disidencia sexual.

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LA REVOLUCIÓN REQUIERE DE HOMBRES FUERTES. La revolución requiere de hombres fuertes que no puedan ser pisados, dicen. Pero a C. parece que se le descontrolaron las células del páncreas y ya no puede comer tantos dulces como quisiera. Esa tarde inscribimos en el pavimento de la Alameda de las delicias un “Dejarse Pisar” como consigna de sumisión ante la próxima ocupación de la extensa avenida como espacio liberatorio. Una sola dirección de sentido, una sola calzada ocupa esta marcha. Quisimos realizar una pequeña falla geográfica, que de tan pequeña pareciera que el ojo “subversivo” que deviene en marcha y desfile no lo pudo mirar. Siempre vemos hacia adelante o hacia atrás desde la misma altura que tienen nuestros ojos, que están ubicados en nuestra cabeza, que sostiene nuestro cuerpo. Nos arrodillamos rápidamente a inscribir el “Dejarse Pisar” con la posibilidad que nos demoliera la marcha entrante al pavimento. “Dejarse Pisar” es una frase que se instauró como pie forzado en la calzada descolocando la necesidad de visibilidad de lo excluido o irrepresentable, o de lo ya múltiple-representado. Esa tarde nosotros ahí interviniendo la calle, no fuimos ni seremos lo que la revolución necesita.

DEJARSE PISAR/ PISAR DEJARSE. Entre tanto orgullo la idea de dejarse pisar -políticamente incorrecta- nos recuerda que la cosa siempre se ha tratado de eso. Dejarse pisar en su “diversidad” de sentidos ha estado históricamente en el centro de la “cuestión homosexual”. Dejarse -o no- pisar por la heteronorma, dejarse pisar por los pactos de silencio y aceptar la ciudadanía de segunda como nicho cómodo para vivir. Dejarse pisar también como transgresión al culto a la virilidad, el hombre que al dejarse pisar y disfrutarlo rechaza las garantías de la masculinidad como estatuto de superioridad, la mujer que ya no precisa de dejarse para pisar… Todos esos que pisando redefinen y trastocan las identidades e inauguran diferentes formas de habitar… todos, los orgullosos, los que marchaban, los que quieren casarse, los que desconfiamos de tanta “igualdad”…, seguimos en constante negociación con la posibilidad permanente de dejarse pisar.

ME PISAR DEJÉ. Una señora preguntaba mientras pegaban las letras en el suelo ¿Pero qué significa “pisar dejarse”? Podría decir que esta intervención fue especialmente críptica. Un cruce de signos y soportes perfecto. En esta acción Cuds no hubo error. En realidad sí, pero fue un error de contingencia, no de pronóstico. Todo salió finalmente como esperaban. Alcanzaron a poner las letras antes que nos atropellara la marcha e inmediatamente la gente se agolpó para ver de qué se trataba. “¿Qué significa Pisar Dejarse?”. Primero que todo hay que pensar como conductor no como peatón, es decir debemos situarnos en una posición forzada, mecánica, no “natural”. Aunque también podemos encontrar una lectura en la literalidad del error gramatical “pisar dejarse”. Al leer “pisar dejarse” inmediatamente lo despojamos de su connotación vulgar y sexual del “pisar” asociado con el “culiar” o el “follar”. Acepciones obscenas típicas de la lengua, las ordinarias que tanto gusta en Cuds. Ellas, elegantemente ordinarias, entregaron la posibilidad del sinsentido al decidir ordenar las letras miméticamente a las señales viales, aceptado la confusión, posibilitando el error. La frase dejarse pisar nos hizo ver su opinión radical respecto de esos sospechosos espacios de tolerancia o peor aún de “diversidad” o, aún peor, de “igualdad”. Los que convivimos con ellxs conocemos su estilo, y claro que deben causar picor en los asistentes que van creyéndose de lo más subversivos, y ahí están ellxs para sacarles la lengua a kilómetros de distancia. Su estrategia pedante y efectiva siempre nos da una lección política. Una diferente a cada una.

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Fotograma de la película "La mujer sin cabeza" de Lucrecia Martel

MUJER NO TE DEJES PISAR”. Recuerdo a la protagonista La mujer sin cabeza, esa que después de atropellar un cuerpo -no se sabe de qué, un niño indígena o un perro puede ser, pareciera que da igual- decide no mirar hacia atrás, simplemente continúa mirando hacia adelante. En esa toma, dicen, se resume todo lo que ocurrió con esa gente “común” que no quiso mirar en dictadura o que, quizás, miró demasiado hacia adelante, demasiado hacia el futuro y no vio lo perdido, lo desaparecido. Así miraron todos, hacia adelante, porque suponemos que vamos a alguna parte, pero nuestros cuerpos viven con la contradicción de que nos dejamos infinitamente pisar, desobedecemos esa norma ciudadana que nos dice “mujer no te dejes pisar” e irremediablemente seguimos dejándonos pisar, porque nos gusta.

DEJARSE PISAR O UNA APUESTA POLÍTICA POST-LIBERTARIA. Negar-se la opresión del control y ejercicio de coartación de la libertad como modo de salir de la posición de subordinado no implica la modificación de las relaciones de dominación y representación de las mismas. “Negar-se a ser pisado” implica perder un lugar de intervención política radical y urgente restándo-se a ocupar un espacio que es preferible no negar, sino intervenirlo para colapsarlo como dispositivo. He ahí que la disidencia sexual no busque liberar, sino intervenir y subvertir el entramado de relaciones que forman de modo plástico los sentidos y representaciones de la denominada realidad. Dejarse pisar, entrar por detrás, lamer la bota, gemir con el látigo. El postporno performatiza sexual-genitalmente las representaciones sexuales clásicas y oficiales de la linealidad coherente y progresiva de éstas, incluyendo su temporalidad e imagen muerta. “Pisar dejarse” expresa una política sexual post-genital que se implica en los territorios coartados paternal y románticamente por el sistema heteronormado que entrega pasaportes de respeto a las subjetividades que se “identifican” y dejan humanizar, desplazando los lugares y condiciones que esa “diversidad” ocupa -ahí la identidad como camisa de fuerza. La “Marcha por la Diversidad 2011″ avanzó contenidamente por la calzada sur de la Alameda, olvidándose o negando-se que las identidades son parte a intervenir y no proteger, las mismas que reclaman al Estado su visto bueno en la aprobación de nuevas cartografías que legitimen tal o cual identidad, desmarcándose apresuradamente de las que tensan su coherencia e higiene, denunciándolas como in-humanas y transformándose en una policía más que resguarda la normalidad. “Pisar dejarse” o una política sexual que no respeta los cánones clásicos de articulación y práctica política. “DEJARSE PISAR o en la colectividad disidente unidas por la crítica, el feminismo y el cariño” (Jorge Díaz)

UNA FRASE INDETERMINADA. “Dejarse pisar” como una frase indeterminada que inscribió sobre el pavimento de la Alameda su doble sentido de consentimiento ante una posición sexualmente subordinada y de falta de resistencia ante un poder (estatal, económico, cultural, sexual) opresor. Doble sentido que en su tránsito ambiguo, desplaza los significados de un lugar a otro, poniendo en evidencia la relación inevitable entre sexo y poder. “Dejarse pisar” como un llamado de atención que -al explicitar insidiosamente la vulneración de una soberanía personal pisoteada- nos estaría conminando a un acto de liberación, a caminar con paso firme en el rumbo aparentemente ya trazado de una ciudad y un país convulsionados por la multiplicación de las demandas callejeras. Todo eso. Pero a la vez, “dejarse pisar” como la posibilidad incierta de dar una vuelta a esa opresión, imaginando la tensión entre la permisividad indiferente y la toma de posición voluntariosa -por el mismo hecho de consentida- de hallar el goce en una violencia que (nos) colapsa el sentido de soberanía. “Dejarse pisar” en última instancia, como la duda impostergable acerca del rumbo de ese trazado libertario y la constante infiltración de las dominaciones de poder que circunvala, rodea y desvía la linealidad recta de la lucha por los “derechos”.

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NOS ENCANTA PISAR, PERO SEGUIMOS SIENDO PISADXS. No danzamos al ritmo del beat LadyGageano, pero sí la escuchamos mientras hacemos el aseo; tampoco vestimos en la marcha escotes o zungas de cuero, aun cuando disfrutamos de reojo los torsos tonificados. Nos alejamos del discurso que vocifera y clama el derecho heterosexual con garantía estatal, pero seguimos caminando lo trazado por la institucionalidad cuando sometemos nuestros cuerpos a la estética que el mercado mantiene vigente. Porque si bien apelamos a la consecuencia del relato, nos dejamos pisar por omisión, ignorancia o simple comodidad… Si no fuese así, entonces liberemos los cuerpos y seamos vegetarianxs! Reconozcamos por lo tanto que no obedecemos al esencialismo y seguimos siendo cómplices del reforzamiento del sistema y la estructura estatal, porque nos encanta pisar, pero seguimos siendo pisadxs.

Autores

(en orden de lectura)

Jorge Díaz

Daniela Cápona

Naomi Orellana

Cristeva Cabello

Luis Venegas

Felipe Rivas

Alan de la Fuente

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Un comentario »

  • Antonio Marquet said:

    “He ahí que la disidencia sexual no busque liberar, sino intervenir y subvertir el entramado de relaciones que forman de modo plástico los sentidos y representaciones de la denominada realidad.”
    Sin duda es una intervención muy importante la que hicieron en el marco de la Marcha del Orgullo, en la medida en que hacen pensar sobre las estrategias y agendas del movimiento.
    Liberarse efectivamente no puede resumir la consigna de un movimiento. Mucho menos puede marcarlo de manera absoluta y reductora puesto que después de lograr una liberación total, perfecta, integral (suponiendo que tal virtualidad exista), el orden heteronormativo se mantiene igual, sin abolladura, incluso se da el lujo de tolerar a los liberados, abrirse hacia esos liberados que, de todas formas, permanecerán en segundo plano.
    Uds. plantean lo indeseable, lo antiheroico, lo inhumano, como consigna. El giro está dirigido al orden heteronormativo y a la misma marcha a la que cuestionan radicalmente: ¿qué pasa con la sumisión, con los montos de sumisión que nos atraviesan, que nos conforman? ¿Qué pasa con esos puntos ciegos de los que no queremos saber ni mirar?

    Me gustaría colgar el texto en mi blog, si me lo permiten…

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