Aproximaciones sobre la normalización del cuerpo: uniones homoeróticas-afectivas y resistencias queer
Aproximaciones sobre la normalización del cuerpo: uniones homoeróticas-afectivas y resistencias queer [1]
Juan Carlos Rauld[2]
Resumen de artículo El presente artículo pretende establecer un pensamiento estrictamente teórico sobre las relaciones de dominación existentes entre personas del mismo sexo, las que de acuerdo al pensamiento postfeminista y radical de Judith Butler, produciría un cuadro de normalización cultural, en el que la dominación política sobre los cuerpos, se expresaría desde el momento en que las diversas agrupaciones gays exigen democráticamente igualdad de derechos de género. La heterogeneidad sexual al situarse desde el significante familia, podría eventualmente devenir en el deseo del Estado, no sólo por desarrollar procesos democráticos de integración política, sino que también en el reverso de la normalización, esto es, en la regularización de las relaciones de parentesco en el marco de una economía del placer y ejercicio del poder. Palabras claves Dominación, normalización, género, sexualidad, poder. Abstract This article aims to establish a strictly theoretical thinking about the relationships of domination between same sex, which according to the Judith Butler’s radical post-feminist thought, it would produce a scene of cultural standards, which the political control over the bodies is expressed from the moment that the various gay groups demand democratically gender equal rights, since that sexual heterogeneity is placed on the significant family, it could eventually become the desire of the State, not only to develop democratic processes of political integration but also on the reverse of the normalization, which implies the regulation of family relationships within a complex economy of pleasure and exercise of power Key Words Domination - standardization - gender - sexual - power
Aproximaciones sobre la normalización del cuerpo
“Si lo entiendo bien, la descontrucción no es exponer el error y ciertamente no es exponer el error de otro. En la crítica más seria es la crítica de algo extremadamente útil, algo sin lo cual no podríamos hacer nada. (Gayatri Chakravorty Spivak, “In a Word”) entrevista con Ellen Rooney”, (Butler, 2002: 53)
El interés de este breve texto es la reflexión ontológica de las prácticas de libertad. Su objetivo político es diagnosticar un cuadro de dominación en el que la sexualidad estaría dominada biopolíticamente, no sólo en la dimensión más íntima, afectiva y privada del sujeto, sino que también en su dimensión más sexual, corpórea, más exógena, más pública, más cívica, toda vez que en la modernidad se ejercerían en ella diversas discursividades que desplegarían un dispositivo de poder, excluyente de orientaciones sexuales fundadas en la diferencia, alteridad y disidencia sexual.
Ahora bien, la problemática política del intento de establecer lazos o uniones homosexuales, amoríos líquidos, estables o de cualquier contenido de subjetivación, entendiendo por ello desde uniones de parejas gays, lésbicas y junto con ello, múltiples formas de expresión ciudadana, tales como; la homoparentalidad, lesbomaternidad, parejas civiles hasta el polémico matrimonio homosexual, no sólo instalarían el debate de estas uniones homoeróticas-afectivas en la comprensión de una transformación “radical” de la idea de familia, sino que también en su relación con el Estado. En este sentido, lo advertido en el texto “Familia en Desorden” (2003) de Elizabeth Roudinesco, tendría que ver sin duda alguna por un lado, con los significativos cambios en los que ha devenido la familia históricamente, y de otro lado, con un devenir transgresor del imaginario conservador, tradicional y republicano de la primera institución básica de lo social.
”nos preguntamos hasta dónde las reivindicaciones de los discursos políticos homosexuales que reclaman derechos sociales (matrimonio o familia) ponen efectivamente en tensión el orden social y cultural”.
De acuerdo al razonamiento anterior, es posible identificar en la actualidad, diferentes perspectivas culturales y políticas en las expresiones homoeróticas, ya sean éstas desde ONG´S como Acción Gay, pasando por la Fundación Iguales, hasta el histórico MOVILH, y de cómo éstos actores sociales han tendido a desarrollar una profunda reflexión en torno a los derechos de las identidades sexuales, los cuales a nuestro juicio, buscan igualar las relaciones de desigualdad y dominación del régimen heteronormativo, intentando poner en tensión las normas del género, a través de acciones que se sitúan en la lógica del ejercicio de sus derechos ciudadanos en el marco de propuestas legislativas antidiscriminación. Destacan diversos proyectos de unión civil, matrimonio entre personas del mismo sexo, lesbomaternidad, homoparentalidad[3], hasta la reivindicación de derechos de igualdad política y corporal ante la soberanía del poder jurídico soberano, esto es, la resistencia a toda aquella normatividad tradicional que instale el género en torno a un binarismo excluyente y homofóbico[4].
Matrimonio homosexual: homogenizar el deseo gay
En tal sentido, pretendemos sostener que lo que podría llegar a entenderse procesualmente bajo hermenéuticas de sentido, democratizadoras del parentesco en tanto condición sin equa non de la constitución de la familia, podría comprenderse negativamente también bajo lógicas normalizadoras en el plano cultural, toda vez que la reivindicación de derechos sexuales y civiles de la comunidad gay gire en torno a las exigencias, márgenes y deseos del Estado, pues el Estado en el marco de un contexto democrático, institucionalizaría la subjetividad disidente, a través de una profunda integración a la matriz política y sexual actual.
En nuestra opinión, desde el momento en que cualquier subjetividad intenta establecer procesos de subjetivación política, es decir, de constituir la subjetividad como sujeto propiamente tal, lo que ocurre es que el Estado, formaliza y homogeniza el deseo gay en normalización jurídica y cultural, pues devendría la imposición de la ley.
Tal como señala Butler:
”El tema del matrimonio gay no es lo mismo que el del parentesco gay, pero parece ser que ambos se confunden en la opinión popular estadounidense cuando escuchamos no sólo que el matrimonio es y debería seguir siendo una institución y un vínculo heterosexual, sino que también que el parentesco no funciona, o no constituye un parentesco, a menos que se asuma una forma familiar reconocible” (Butler, 2004: pp. 1).
Lo anteriormente enunciado por la autora postfeminista, se explicaría a partir de lo que comprende por el poderío normalizador del Estado, debido a que, la normalización operaría en al menos dos sentidos. El primero, en torno a cómo las exigencias de parentalidad gay, son invisibilizadas por los debates de matrimonio entre personas del mismo sexo, en tanto acción política “subversiva”, pero funcional a las lógicas de la inteligibilidad cultural, pues el Estado su deseo por normalizar y estatizar los cuerpos, no sólo se habría dedicado mediática y sutilmente a higienizar el imaginario prejuicioso de lo gay como pura patologización, promiscuidad y anomalía, sino que en su estrategia política, temáticas tales como, adopción o la parentalidad biológica entre personas del mismo sexo, las consideraría peligrosa, toda vez que ésta unión afectiva-sexual atentaría contra la inteligibilidad cultural y civilizatoria que conocemos. El segundo sentido de normalización en cambio, posee una dimensión de dominación un tanto más profunda. Nos referimos con indagaciones realizadas por Foucault, en su célebre texto Historia de la Sexualidad, La Voluntad de Saber (1986), pues el Estado en tanto tecnopolítica de dominación, habría incurrido en la regulación y estatización del sexo de un modo normativo, administrando las relaciones de vida y muerte no sólo como límites del sujeto, sino que también al sexo mismo como objeto de dominio.
Por ello, Butler a este respecto nos señala que “La categoría de ’sexo’ es, desde el comienzo, normativa; es lo que Foucault llamó un “ideal regulatorio”. De este modo, el ’sexo’ no solo funciona como norma, sino que además es parte de una práctica reguladora que produce los cuerpos que gobierna, es decir, cuya fuerza reguladora se manifiesta como una especie de poder productivo, el poder de producir-demarcar, circunscribir, diferenciar-los cuerpos que controla” (Butler: 2002, pp. 17-18).
En este sentido, lo que nos interesa señalar enfáticamente es el efecto de dominación de la sexualidad en el que se incurre aventuradamente en la modernidad por parte del sujeto, toda vez que se pide/exige al unísono la intervención del Estado en la subjetividad en cuanto tal, pues si bien se exigen derechos democráticos del cuerpo, y en ella, el matrimonio entre personas del mismo sexo, lo que se produce al mismo tiempo, es el riesgo de desembocar procesos de subjetivación en biopolíticas del parentesco, es decir, en controles regulatorios del Estado hacia la parentalidad, específicamente en personas que orientan su deseo sexual hacia el mismo sexo. En palabras de Michel Foucault, nos encontraríamos inmersos en lo que el pensador francés, denominó como economía del placer, es decir, en una discursividad de control del sexo, a saber, “Que el estado sepa lo que sucede con el sexo de los ciudadanos y el uso que le dan, pero que cada cual, también sea capaz de controlar esa función. Entre el Estado y el individuo, el sexo se ha convertido en una apuesta, y una apuesta pública, investida por toda una trama de discursos, saberes, análisis y conminaciones” (Foucault: 1986, pp. 29).
En efecto, si intentamos comprender la realidad local, a través de una política fragmentaria y postestructuralista, comprenderemos que nuestro país, a propósito de las últimas elecciones gubernamentales, la coalición de centro-derecha no sólo obtuvo la legitimidad del poder ejecutivo, sino que lo que se interesó por representar fue una promesa de integración capitalista, en donde se resguardaban exclusivamente derechos económicos, en el marco de un régimen de dominio heterosexista, y por consiguiente, completamente funcional a las lógicas del poder de control sobre la población.
Lo anterior, se explicaría entre múltiples razones, no tan sólo por el hecho de que la ciudadanía incurriera en demandas históricas de exclusión anteriores, sino que si lo pensamos foucaulteanamente, las exigencias de la “comunidad homosexual”, a ser reconocidos como sujeto de derechos, fue un proceso por el cual, el poder se ejerció también desde abajo, no tanto desde lo que en la lógica foucaultiana podríamos denominar como prácticas de resistencias, sino que bajo los bordes y márgenes de una razón gubernamental, es decir, bajo una relación de dominio democrático liberal. El razonamiento en torno a la gubernamentalidad nos permite comprender conceptualmente al menos, cómo opera el ejercicio del poder liberal en la modernidad, a través de una hipótesis ciertamente verosímil, más allá de concepciones represivas o coercitivas en torno al sujeto social.
Tal como señala David Halperin, “El poder liberal no se contenta simplemente con prohibir, ni aterroriza directamente, sino que normaliza, “responsabiliza” y disciplina. El Estado ya no necesita atemorizar o coaccionar a los sujetos para que tengan un comportamiento adecuado: puede, con toda seguridad, dejar que tomen sus propias decisiones en el marco de la sacrosanta esfera privada de la libertad personal en la que ahora habitan, porque dentro de esa esfera ellos controlan libre y espontáneamente su propia conducta y la de los demás” (Halperin: 2007, pp. 37).
La contradicción entre matrimonio homosexual y lo queer
En tal sentido, consideramos pertinente establecer múltiples interrogantes que no interesan ser respondidas en este trabajo por la naturaleza del texto. No obstante, nos preguntamos hasta dónde las reivindicaciones de los discursos políticos homosexuales que reclaman derechos sociales (matrimonio o familia) ponen efectivamente en tensión el orden social y cultural. En tal lógica, tal como hemos señalado en trabajos anteriores, cabría al menos preguntarse, ¿por qué los homosexuales desean integrarse a las lógicas del poder que históricamente los han transgredido y rechazado?, o bien, “por qué desean adquirir la legitimación de las instituciones simbólicas que estructuralmente han pertenecido a las normas de inteligibilidad de la heteronormatividad?, o ¿hasta qué punto la dominación y normalización de las pautas de inteligibilidad social heterosexista entran en contradicción con aquellos grupos queer?” (Rauld: 2010).
No obstante, a pesar del cuadro de dominación política del cuerpo y de las relaciones de vida, y junto con ello, el panorama de normalización de la sexualidad, es preferible advertir el reverso de lo que hemos venido sosteniendo, pues la complejidad del poder podría adquirir un atisbo de humanización moderna, y por ello, fehacientemente creemos que una acción radical como sujeto es el tomar posición, sin perjuicio de la incertidumbre en lo político, ya que pensamos que el reconocimiento de estas subjetividades debiera existir desde el plano ético y político, no sólo para que exista un reconocimiento intersubjetivo y cotidiano en cuanto tal, sino que también para apuntar a procesos de democratización social que se expresen en la sexualidad, o en un tipo de democracia sexual aplicada al género, tal como advierte actualmente el sociólogo francés Eric Fassin.
Lo anterior, se debería a los efectos y el tipo de relación que ejercería el Estado con la ciudadanía, pues ésta se establecería según Butler, en base a profundos procesos de discriminación no sólo de los límites del parentesco, sino que también, en lo que a reconocimiento simbólico de derechos se refiere. La normalización operaría no sólo en los efectos de dominación corporales que hemos señalado, sino que además, en las limitaciones de las condiciones de debate sobre matrimonio en cuanto tal, sobre todo si consideramos con sentido republicano que “(…) La solicitud de derechos matrimoniales tiene el objetivo de reclamar el reconocimiento del estado para las uniones no-heterosexuales y, de este modo, configura al estado como la instancia que retiene un derecho que, en realidad, debería distribuir sin discriminación, sin importar la orientación sexual”. (Butler: 2004, pp. 5).
Ahora bien, Judith Butler[5] nos advertirá que el “Yo” al cuestionar las normas de inteligibilidad de la vida social podría devenir en sujeto de crítica y resistencia, debido a que, el género sería una construcción cultural-discursiva que establecería la legitimidad y la legibilidad de una persona. Vale decir, cuando el sujeto toma distancia de la legibilidad de las categorías, tales como: género, raza, etnia o cualquier otra, lo que allí se produciría -según Butler- sería una crisis de legibilidad, es decir, que el sujeto corra el riesgo de perder su lugar y su legibilidad social como individuo al enfrentarse en una lucha con el sistema que lo interpela directamente en cualquiera de éstas categorías. En consecuencia, “la formación del Yo para Butler, la entenderemos como una manera de resistir y transformar radicalmente la categoría del género en la sexualidad, debido a que ella, establece al género como una práctica de libertad o como un modo por llegar a ser o constituir la subjetividad, es decir, como una nueva producción ontológica que pretende desencializar los sexos binarios o en oposición dados como naturales” (Rauld: 2011, pp. 78).
Lo antes señalado, es la expresión individual y el esfuerzo socialmente necesario, para que sean los propios grupos gays, los encargados de hablar por ellos mismos, a través, de una política de autonomía discursiva, que sea capaz de tomar el control de temáticas concernientes directamente con su subjetividad. Por consiguiente, si intentamos seguir la analítica situada por Butler, es posible comprender cómo la subjetividad en múltiples ocasiones sólo por el hecho de pedir al Estado democratización en cuanto a la igualdad de derechos sobre el matrimonio gay, se termina con frecuencia en la experiencia excesiva de la regulación jurídica estatal sobre las relaciones de parentesco-libertad individual.
Por ello, nos preguntamos siguiendo a Butler, ¿qué es lo que sucede en realidad con el proyecto de radicalidad sexual que nos ofrecerían aquellos grupos que intentan situarse por ‘fuera’ de las reglas heterosexuales? En síntesis, nos preguntamos si es posible actualmente hablar de prácticas queer, o por fuera de heteronormatividad?, ¿Es posible una subjetivación sexual más allá de las regulaciones biopolíticas de la subjetivad, o de las dicotomías en torno a la legalidad-legitimidad de los vínculos sexuales?
En palabras de Butler, habría que intentar este debate sobre las interrogantes planteadas en la relación Estado-legitimidad en torno a la figura del matrimonio, a saber, “¿qué pasa con el proyecto radical de articular e impulsar la proliferación de prácticas sexuales fuera del matrimonio y las obligaciones de parentesco? ¿El recurso al Estado marca el fin de una cultura sexual radical? ¿Tal perspectiva queda eclipsada a medida que nos preocupamos cada vez más por concretar el deseo del Estado?” (Butler: 2004, pp. 4).
BIBLIOGRAFÍA
Butler, J. (2002). Cuerpos que importan. Sobre los límites y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidos.
Butler, J. (2004). Deshacer el género. Nueva York: Paidos.
Foucault, M. (1986). Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. París: Fondo de Cultura Económica.
Halperin, D. (2007). San Foucault. Para una hagiografía gay. Buenos Aires: Ediciones Literales.
Rauld, J.C. (2011). Las relaciones del poder y la sexualidad. Aproximaciones políticas preliminares para una investigación en torno a la familia homosexual desde el Trabajo Social. (Tesis inédita no publicada).Trabajo Social, Universidad Tecnológica Metropolitana del Estado de Chile, Santiago de Chile.
Rauld, J.C. (2010). Reflexiones sobre la normalización cultural del cuerpo y la resistencia. Aula Subversiva, volumen 4. http://www.aulasubversiva.tk/.
[1] Este es un breve artículo de investigación literaria, el cual forma parte de una extensión de una publicación destinada a la fundación Equitas. Sin embargo, se ha conservado la estructura original del texto por tratarse de un trabajo con una orientación metodológica y academicista.
[2] Licenciado en Trabajo Social, Trabajador Social de Unidad de Ingresos y Coordinación de redes, programa Familias de Acogida Especializada, ADRA-CHILE, red SENAME. Profesor ayudante de cátedras en Escuela de Trabajo Social de Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM). Durante el 2011-2012, estudia cartel psicoanalítico en Efectos de la palabra: entre lo colectivo y lo particular, en Centro Clínico Freudiano Fort Da.
[3] Judith Butler se refiere a este debate en el texto, Deshacer el Género. ¿El Parentesco es siempre de antemano Heterosexual?, Nueva York, Routledge, 2004. En el caso de la parentalidad, cuando ésta se trata de personas de orientación gay, éstas son fuertemente rechazadas por el poder jurídico y político, pues la normalización, posee entre múltiples efectos, la reproducción de efectos homofóbicos que impiden la libre parentalización de la subjetividad.
[4] Para más información, consultar los textos de Hernández Gabriel. Uniones afectivo-sexuales y matrimonios entre personas del mismo sexo, Análisis a partir de la teoría del estado democrático de derecho, editorial ARCIS, Centro de estudios jurídicos e institucionales, Santiago, 2009. Y, Robles, Víctor Hugo. Bandera Hueca. La Historia del Movimiento Homosexual, Editorial ARCIS Cuarto Propio, Santiago, 2008.
[5] La filósofa y ensayista, Judith Butler dentro de su extensa e importante producción literaria sobre estudios de género y sexualidad, ha desarrollado diversos aportes de carácter político en la construcción de un pensamiento queer. En tal sentido, Butler siguiendo críticamente la perspectiva de Foucault, sostiene que es necesario fundar una teoría política capaz de entender de manera diferente al sujeto moderno. Por ello, la idea de una nueva formación del yo, tiene que ver con que el sujeto sólo es posible de entenderse a la luz de prácticas de resistencias y cuestionamientos a las relaciones y sistema que conforman y detentan el poder.















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